Desde
que tomamos consciencia del mundo que nos circunda, somos invadidos por una
serie de mensajes a los que se les conoce como “Códigos Familiares”.
Son
una especie de “códigos” que están situados en lo más profundo de
nuestras mentes en forma de creencias y de todo tipo de inhibiciones que nos
paralizan.
Cuenta
Marianne Costa que en un momento de su vida escribió en un papel de
pergamino: “soy una fracasada”, después lo firmó con una gota de su sangre y lo
enterró. En ese lugar plantó una bella flor y empezó a diseñar su realidad
liberada de esa maldición. (Es un acto psicomágico, donde nos liberamos de
esos códigos que recibimos de nuestra familia)
Un
contrato es un acuerdo entre dos partes que se comprometen a dar algo y a
recibir algo a cambio. Pero no todos los contratos están sobre papel, ni
siquiera son verbalizados, ni tampoco todos están en el plano de la
consciencia.
Más
aún, como en el caso del nombre, hay contratos que aceptamos en desigualdad de
condiciones porque se “sellan” en la más tierna infancia: el niño intuye que el
incumplimiento implica no ser querido, lo que significa la muerte. Nuestro
cerebro más primitivo nos dicta la orden de obedecer cuando la amenaza es ser
expulsado del clan.
Muchas
de las creencias que tenemos son contratos que mantenemos con nuestro árbol
genealógico, ideas que se nos han transmitido desde nuestros bisabuelos y que nos
es difícil cuestionar, pero de las que debemos deshacernos, no sólo por carecer
de utilidad, sino porque se convierten en grandes lastres en nuestro
desarrollo.
Los
contratos intelectuales son como las “ideas irracionales” que describe
Albert Ellis, raíces de nuestras emociones perturbadas y comportamientos
desajustados. La psicogenealogía conecta con su famosa y en muchos casos
efectiva RET (Terapia Racional Emotiva), en el sentido que la familia configura
un esquema de creencias tóxicas que nosotros adoptamos por lealtad a ella y
que se mueven en cuatro ejes fundamentales: *Si no tienes lo que
necesitas, te mueres. (“Si mi novio me deja, me muero”) La herencia tóxica es
confundir la necesidad con el deseo. Si no tienes alimento, te mueres, pero si
deseas a tu novio y no lo tienes, sigues viviendo… *Esto es horrible (“Es
horrible que tenga que cancelar mis vacaciones”)
Se
juzga en exceso. No hay nada categóricamente malo o bueno. Hay hechos que nos
causan más o menos dolor. Si ordenamos los hechos dolorosos de 0 a 10 y en el
10 ponemos la muerte de un ser querido, ¿cómo valoraremos cancelar una
vacaciones?
*No
lo soporto (“No soporto la soledad”). Hay situaciones que matan, son
insoportables. Creer que algo es el límite entre la vida y la muerte nos hace
sentirnos agonizantes cada vez que eso sucede, por lo que es mejor preferir un
desastre de relación amorosa, la soledad está prohibida porque es acercarse a
la muerte.
*Si
sucede algo malo es que hay un culpable y tiene que ser condenado. La familia
nos enseña a juzgar y buscar culpables en los que descargar la responsabilidad
de lo que pase. Los acontecimientos son una confluencia de factores, nada tiene
una única causa. Si nos sentimos culpables de algo, la mejor medicina es una
fórmula con tres elementos: la aceptación, la reparación y el aprendizaje de lo
sucedido para evitar en lo posible repetir el mismo error en el futuro.
Los
contratos emocionales suelen venir en formato de inhibiciones emocionales muy
asociados a los niveles de consciencia infantiles… a) “No crezcas” (Si se hace
mayor un día abandonará a sus padres. Esta orden lo mantendrá con una edad
emocional de 10 años para el resto de su vida)
b)
“Aquí somos del Madrid” (Desde el primer mes de vida el niño es socio del club.
Cuando crece no tiene alternativa, si no le gusta el fútbol o no es madridista,
será considerado un traidor o un enfermo)
c)
“No seas tonto y no te hagas novia”
(Quédate con la madre…ella no te defraudará)
(Quédate con la madre…ella no te defraudará)
e)
La pareja es para toda la vida (Nadie se ha divorciado jamás, en nuestra
familia todos somos muy católicos).
Los
contratos emocionales nos atan con fuerza al pasado y fomentan las relaciones
basadas en la dependencia emocional. Disolver estos contratos es abrir al fin
la puerta a la libertad de amar con un nivel de consciencia superior.
En
los contratos libidinales están todas las inhibiciones creativas y sexuales
a)
“El teatro-la pintura-la música, son una pérdida de tiempo”
(Es como decir que no debes dedicarte a cosas que no son de provecho…)
(Es como decir que no debes dedicarte a cosas que no son de provecho…)
b)
“Esta relación no te conviene”
(Podríamos preguntarnos: ¿a quién no le conviene en realidad?)
(Podríamos preguntarnos: ¿a quién no le conviene en realidad?)
c)
“Te casarás a los 25 años y a los 26 llegará la única hija” (este es un
contrato inconsciente que se repite de generación en generación, un proyecto
que se tiene para nosotros)
d)”La
mujer que expresa deseo sexual es una fulana”
(Si el sexo de la mujer es sólo un instrumento de procreación, se le prohíbe gozar con su energía libidinal y a la postre de la creación y de la vida).
(Si el sexo de la mujer es sólo un instrumento de procreación, se le prohíbe gozar con su energía libidinal y a la postre de la creación y de la vida).
La
prohibición de la homosexualidad y de prácticas sexuales no existentes en el
repertorio social, también son contratos que al incumplirlos nos bloquean la
libido o nos sentimos culpables y merecedores de castigos si “nos salimos del
tiesto”.
Existen
también los contratos materiales-corporales-económicos que no son otra cosa que
las inhibiciones económicas.
Es
necesario que encontremos los elementos que permitan separarnos de la violencia,
del miedo y de la culpabilidad…
a)
“Eres idéntico a tu abuelo” (Y con ello uno de los linajes toma posesión del
hijo)
b)
“No toques los botones que los romperás” (Cuando no te dejan tocar nada es
porque no tienes espacio)
c)
“El dinero es el pecado” (Si nos hacen creer que el dinero es sucio, nos
generará mucha culpabilidad ganarlo)
d)
“El que arriesga pierde”, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, “Más
vale malo conocido que bueno por conocer”… (Salir del territorio es una
deslealtad imperdonable y tenemos un miedo ancestral a no volver a ser
admitidos en el clan).
Todo
esto insta a acomodarse con una pareja que ya no aporta nada, un trabajo
insatisfactorio, una casa que no es un hogar y también a una ciudad, un banco,
un grupo de amigos etc. Instalados en un territorio para siempre, porque nos
han enseñado que arriesgarse es perderlo todo, en lugar de impulsarnos a seguir
nuestros deseos como sabio camino de transformación.
Los
contratos se cumplen por lealtad, pero también por temor a las consecuencias.
Alejandro
Jodorowsky nos dice en sus 10 recetas para ser feliz, “no hay alivio más
grande que comenzar a ser lo que en realidad somos. Desde la infancia nos
imponen destinos ajenos. Es conveniente recordar que no estamos en el mundo
para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.

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